Mostrando entradas con la etiqueta Dios. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Dios. Mostrar todas las entradas

sábado, 10 de abril de 2021

ANTES DE ADAN Y EVA

 


                        



           Dios, en su eterna solitud, cuando hubo terminado de crear todo el Universo, pensó que sería bueno moldear unos seres a su imagen y semejanza. Para ello todos los días se entretenía recogiendo barro de los fondos de los ríos y con sus propias manos iba esculpiendo una serie de  estatuas de diferentes tamaños y formas. Sin darse cuenta, había acumulado suficiente producción para decidirse ya, qué pareja escogía para terminar su proyecto y colocarlos en el Jardín del Edén o Paraíso. Por supuesto se decidió por los más bellos y perfectos que le habían quedado, así como el resto de toda su obra. Los llamó Adán y Eva y los colocó en el maravilloso jardín para que fueran felices y se multiplicaran por sí mismos.

          ¿Qué haría entonces con el resto de estatuas? En principio pensó en destruirlas, pero se las estuvo mirando bien y le hizo pena, pues algunas de ellas sin llegar a la perfección de Adán y Eva también tenían su encanto. Se le ocurrió la idea de esconderlas en las profundidades del mar en un lugar desconocido que por siglos que pasaran nadie las pudiera encontrar.

          Luego se puso a pensar y creyó que Adán y Eva finalmente se aburrirían una vez hubieran recorrido todo el paraíso. Entonces creó a la serpiente y él mismo se desdobló en la parte oscura del mal. A ellos también les concedió el libre albedrío.

          ¿Y ahora qué? Ahora Dios es consciente que cometió dos graves errores al crear el mal y darles el libre albedrio. Es evidente que el hombre creyéndose un dios, más cerca cada vez del mal, es capaz de destruir toda su obra e incluso autodestruirse manipulando virus y haciendo experimentos indeseables. Siempre por eso le quedan todavía las estatuas escondidas en el fondo del mar,

 


domingo, 14 de noviembre de 2010

SUPLICANDO A DIOS

Con los ojos empañados, llenos de lágrimas, con el nudo en la garganta, explotó en un llanto amargo y mudo que le escoció el alma.

Eran las dos de la mañana y sentada delante del ordenador, leía uno tras otro los mails que su amor le enviara. Los tenía todos guardados, archivados por fechas en una carpeta, con el nombre de su amado.

Jamás se habían visto, pero durante un año se fueron intercambiando escritos, se contaron su vida, su infancia, sus experiencias, sus amores y desamores, sus sueños y deseos. Eran dos almas gemelas, como dos estrellas que viajaban por el Universo.

Un día él le comunicó que vendría por fin a conocerla, pero transcurrió el tiempo y no apareció. Al cabo de una semana supo que tuvo que ser ingresado por una dolencia cardiaca. No tuvo más noticias.

Ahora ella rezaba y entre sollozos pedía a Dios que le curara. ¡Dios mío!, que frase tan extraña . . . hacía tanto tiempo que no la pronunciaba. En un instante su mente se llenó de recuerdos. Aquellas tardes de colegio, cuando la monja les leía la Historia Sagrada. Ella disfrutaba imaginando todos aquellos relatos. Viviéndolos intensamente. Muchas veces se emocionaba. El día de su primera comunión, intentando tragar la hostia sin morderla, ¡que nervios! Queriendo sentir a Dios dentro de su alma. Todos aquellos misterios que su pequeña mente no comprendía, pero a fuerza de ser inculcados ya eran tan familiares que formaban parte de ella misma. Eran sus creencias.

Pero el tiempo las fue disipando. La propia vida te las desmonta. Una vez leyó que los dioses desaparecen cuando el hombre adquiere el conocimiento. Y así le sucedió a ella. Yavé, Jehová, Alá, Krisna, cuantos nombres tenía Dios y en nombre de Él cuanta sangre derramada. ¿Cuántas guerras y calamidades tenían los hombres todavía que sufrir?. ¿Cuándo la Humanidad por fin sería adulta?¿Quién era ese Dios que permitía que niños inocentes murieran cada día de hambre? Por eso, todas las religiones sólo eran leyendas para pueblos ignorantes que deben ser conducidos. Comeduras de coco para tenerlos oprimidos. Ya nadie se creía esas historias.

Sin embargo, ¿cómo es que ahora recurría a Dios para que la ayudara? Ella sabía que Dios no existía. Se sentía desesperada. Jamás había tenido suerte en el amor. Ningún hombre le había durado mas de dos semanas. Pero con él había sido distinto. Un buen día le escribió, le abrió su corazón, le ofreció compartir a su lado y ella confió en él, lo amaba. Quería verlo, conocerlo. . . Dios mío, ayúdame!!! Haz que se cure, que vuelva a tener noticias suyas.

Los ojos los tenía hinchados de tantas lágrimas y el sueño la venció. Entonces se encontró perdida en medio de una densa oscuridad. Su corazón latía fuertemente, pero a su vez, sentía que no tenía cuerpo. De repente se abrió enfrente de ella un punto de luz que se fue acercando hasta cegarla y cubrirla. Era una luz blanca y metálica. Olía a rosas. Alguien se acercó y supo que era su amado. Se llenaron de besos y colmaron todos sus deseos.
Sabían entonces que siempre habían existido, que ya se conocían. Que su amor era eterno, que tenían luz propia y que brillaban y formaban parte de un todo. Les fueron revelados los grandes secretos.

A la mañana siguiente su alma estaba en paz. No podía explicar de qué forma ni manera, pero en lo más profundo de su corazón la fuerza la llenaba. Ya nunca jamás tendría miedos, ni se sentiría sola. Sonó el teléfono y escuchó la voz de Emilio. Cariño, ya estoy bien. Todo ha pasado. Esta noche soñé contigo, le dijo. Tengo muchas ganas de verte. Te quiero.