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miércoles, 11 de octubre de 2023

LAS EMOCIONES DE LOS ANCESTROS

 




Muchos años después, frente al mar, con la mirada fija en un velero que se deslizaba sobre las aguas calmas, la mujer hubo de recordar la historia que le contara su abuela en su niñez más temprana. Aquellas tardes inolvidables en espacios atemporales, cuando la anciana rememoraba su juventud en tierras lejanas. Quizás entre nostalgia y resentimiento le hablaba de su abuelo, el marinero, ese que ella jamás conoció y que cada vez que tocaba puerto, allá en la olvidada Cartagena, la dejaba preñada de un nuevo hijo. Hasta diez parió y pocos de ellos sobrevivieron. Incluida su madre, que años más tarde, también tuvo que marchar a ese lugar sin retorno, que por mucho que llores y supliques, nadie vuelve. Mamá nos dejó huérfanas, al cuidado de la abuela, a mí y a mis hermanas. Vida y muerte, nacer y morir. Una constante en esta familia. Familia de mujeres que, nosotras, las últimas, ya no hemos pasado por este trance. Engendrar, parir y luego morir. Mujeres solteras, sin descendencia. Algo que me atormenta. Algo que me ensombrece el alma.

De pronto, como si un remolino hubiera echado raíces en el centro de la playa, levantó toda la hojarasca y con ella se llevó los recuerdos de unas vidas imaginadas, las de los ancestros, aquellos que no conocimos, pero que sus emociones quedaron  impresas en la memoria por generaciones.

Un griterío se escuchó en la lejanía y, a medida que el viento amainaba, un grupo de niños se acercaron donde ella reposaba. Los niños, me gustan los niños. Los miró con ternura. ¿Por qué en mi familia no nacen niños?  Volvió a entristecerse. A todo eso, ya había anochecido. Miró a la luna y el barco ya no estaba. Se imaginó entonces navegando con un viento favorable, surcando mares y tierras lejanas, dejando atrás las tinieblas, saliendo de la oscuridad.


            





lunes, 17 de mayo de 2021

VIAJE SIN RETORNO

 




Su vida y la de su familia estaban en peligro. Así que se echaron a la mar.

Estas son las palabras que siempre me repetía mi madre cuando yo de muy pequeña le preguntaba cómo fue que llegamos a estas tierras tan lejanas. Además yo llegué en realidad dentro de su vientre. Yo era su única familia. La de su tribu en Nigeria ya no existía. Los mataron a todos los mismos terroristas que secuestraron a mi madre y después la violaron. Soy hija también de un violador. A lo largo de los años y debido a la fuerza sobrenatural que siempre tuvo mi madre es algo que ya he olvidado. Ella me enseñó a ser fuerte, tener entereza y sobre todo espíritu de superación. Así lo demostró desde siempre. Consiguió escaparse de sus secuestradores y, ya embarazada de mí, se subió en una barcaza y estuvo navegando a la deriva varios largos días. Algunas personas no lo consiguieron y perdieron la vida en el mar. Nosotras tuvimos mucha suerte, gracias a que todavía quedaban personas bondadosas, espíritus puros, gente solidaria que dedica su vida a ayudar a los demás. Me contaba mamá que cuando todo el mundo ya se preparaba para lo peor, apareció un buque que nos rescató a todos de una muerte segura. Todavía estuvimos navegando algún tiempo más en aguas del Mediterráneo. Por culpa de la ineptitud y la burocracia de la vieja Europa, algunos países no nos dejaban desembarcar en sus puertos más cercanos. Finalmente algún mandatario tomó conciencia, se humanizó, y así fue como llegamos al puerto de Barcelona. Al poco tiempo de pisar suelo, mamá se puso de parto y de inmediato la llevaron al Hospital del Mar. Allí nací yo, y una alcaldesa generosa me apadrinó. Desde ese momento nos cambió la vida por completo.

Han pasado unos cuantos años, pero lamentablemente la mal llamada humanidad no evoluciona. Todavía existen las guerras y gente malvada que hace que otras personas inocentes tengan que dejar sus países y lugares de nacimiento y tirarse a la mar para salvar sus vidas. Por eso ahora yo piloto la nave y junto con mis compañeros, con los cuales formamos una familia, nos adentramos en aguas del Mediterráneo. Nuestra misión, evitar que nadie muera en el mar.

Algunas noches miro al cielo, un cielo lleno de estrellas. Sé que tú estás allí, en alguna de ellas, y me dices lo orgullosa que te sientes, porque supe aprovechar tus enseñanzas y ser agradecida a la vida y a las personas que nos ayudaron. Te quiero mamá.