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sábado, 10 de abril de 2021

ANTES DE ADAN Y EVA

 


                        



           Dios, en su eterna solitud, cuando hubo terminado de crear todo el Universo, pensó que sería bueno moldear unos seres a su imagen y semejanza. Para ello todos los días se entretenía recogiendo barro de los fondos de los ríos y con sus propias manos iba esculpiendo una serie de  estatuas de diferentes tamaños y formas. Sin darse cuenta, había acumulado suficiente producción para decidirse ya, qué pareja escogía para terminar su proyecto y colocarlos en el Jardín del Edén o Paraíso. Por supuesto se decidió por los más bellos y perfectos que le habían quedado, así como el resto de toda su obra. Los llamó Adán y Eva y los colocó en el maravilloso jardín para que fueran felices y se multiplicaran por sí mismos.

          ¿Qué haría entonces con el resto de estatuas? En principio pensó en destruirlas, pero se las estuvo mirando bien y le hizo pena, pues algunas de ellas sin llegar a la perfección de Adán y Eva también tenían su encanto. Se le ocurrió la idea de esconderlas en las profundidades del mar en un lugar desconocido que por siglos que pasaran nadie las pudiera encontrar.

          Luego se puso a pensar y creyó que Adán y Eva finalmente se aburrirían una vez hubieran recorrido todo el paraíso. Entonces creó a la serpiente y él mismo se desdobló en la parte oscura del mal. A ellos también les concedió el libre albedrío.

          ¿Y ahora qué? Ahora Dios es consciente que cometió dos graves errores al crear el mal y darles el libre albedrio. Es evidente que el hombre creyéndose un dios, más cerca cada vez del mal, es capaz de destruir toda su obra e incluso autodestruirse manipulando virus y haciendo experimentos indeseables. Siempre por eso le quedan todavía las estatuas escondidas en el fondo del mar,

 


domingo, 22 de noviembre de 2020

TRUFAS PARA CRUZ



 

Sinopsis

La protagonista de esta historia la llamaremos Cruz. Cruz es una de esas mujeres anónimas, especiales, que ya han traspasado la barrera de los cuarenta y tantos y tienen en su haber una mochila cargada de desamores y relaciones que no llegaron a buen fin. Estas mujeres las vemos en las colas de los cines, teatros, asisten a conferencias, cursan estudios universitarios, viajan a lugares lejanos, pero siempre rodeadas de otras mujeres. Pueden ser económicamente independientes, funcionarias, oficinistas, maestras, aunque se muestran inseguras en sus sentimientos. Arrastran con dignidad y disimulo su soledad, pero en la intimidad de su alcoba anhelan desesperadas esas caricias masculinas que las hagan temblar de placer. Perdieron su oportunidad de ser madres y envidian en el fondo a sus amigas que hace tiempo formaron una familia. Contradictorias, cándidas e ingenuas, con profundas carencias afectivas, experiencias dolorosas sucedidas en la niñez, las hicieron vulnerables a hombres despiadados, donjuanes engañosos, vividores sin escrúpulos que con mucha labia irrumpen en sus vidas y consiguen someterlas y maltratarlas dejándolas todavía peor, si es que logran salir airosas de las cárceles en las que habitan.

Esta es la historia de Cruz, que por sacarse de encima al monstruo de la soledad, convivió un tiempo con Lucifer.

Cruz hacía tiempo que vivía sola con su gato Ismael. Trabajaba en una multinacional en el Departamento de Finanzas, y tenía muchos amigos. Amigos cosechados en su larga trayectoria laboral o compañeros de viaje o de estudios o conocidos del gimnasio o incluso aquellas amigas de la infancia, pero llegado el fin de semana, cada oveja se iba a su corral. Cruz temía que llegara el viernes y volver a casa por la tarde sin ningún plan. Entonces se estiraba en el sofá, miraba la tv mientras su gato le mordisqueaba la zapatilla y con aquella pesadez que produce el no hacer nada, anochecía. Muchas veces acababa llorando. Entonces el monstruo de la soledad la absorbía completamente, hasta el punto de no permitirle reaccionar. El sueño finalmente la vencía entre lágrimas y sollozos.  

Un día, no pudiendo soportar más esta situación, viendo como le pasaban los cumpleaños, y todavía soltera, sin demasiados amigos con los que compartir, incapaz de salir sola, se paró en el primer quiosco y se compró la Guía del Ocio. Hacía unos años le había resultado. Encontró un grupo de gente, solteros como ella que hacían muchas actividades en común. Durante tres años estuvo saliendo todos los fines de semana, incluso las vacaciones, con este grupo de amigos que se hicieron inseparables. Pero como todo en la vida tiene fecha de caducidad. Los hombres, viendo que no había sexo, ni tampoco Cupido permitió que se hiciera alguna pareja, fueron desfilando uno a uno. Las amigas primero estuvieron saliendo un tiempo, pero luego también se fueron enfriando las relaciones hasta perderse todo contacto. Cogió la Guia del Ocio y se fue directa a las últimas páginas de Contactos.